sábado, 10 de octubre de 2009

POR QUÉ SOMOS POBRES


Por Porfirio Cristaldo Ayala
Editado en 2004
Paraguay es uno de los países más pobres del continente. La mitad de la población vive en la pobreza y uno de cada cuatro sufre hambre. Por ende, conviene recordar a menudo las causas de esta tragedia. No somos pobres por ser un país pequeño, o por no tener costas sobre el mar, o por carecer de una educación eficiente, o por la pereza natural del paraguayo, herencia del español y el indio, o por alguna extraña maldición. Somos pobres a causa del estatismo y corrupción de nuestros gobernantes.
Nada impide a países pequeños ser prósperos. Por el contrario, de los diez países más ricos, solamente uno (Estados Unidos de América) tiene más de 6 millones de habitantes. La mediterraneidad es una gran desventaja económica, pero tampoco condena a los países al atraso como nos demuestra Suiza. El nivel de educación es importante, pero no determina el progreso. Países de un nivel menor al Paraguay, como Tailandia, han prosperado. Además, es insensato creer que la raza paraguaya pueda ser inferior a otras. Los paraguayos que salen del país trabajan y progresan como todos.
En cuanto a maldiciones, la única que tiene el Paraguay han sido sus gobernantes ineptos, autoritarios y corruptos. Desde que la revolución de 1936 derrocó a Eusebio Ayala, el último gobernante liberal que con austeridad, honestidad y un impecable manejo de la economía supo llevar al Paraguay a la victoria en la Guerra del Chaco (1932-35), contra Bolivia, el país ha sufrido el embate inmisericorde de los cuatro jinetes del Apocalipsis: el caudillismo y el militarismo estatistas, la democracia populista y la corrupción.
En 1989, un golpe derribó a la nefasta dictadura de casi 35 años. Pero la democracia no amplió las libertades económicas, no privatizó ni eliminó los monopolios, ni saneo las finanzas públicas. Por el contrario, se afianzó la economía estatizada y expandió el clientelismo, proteccionismo, contrabando, mercado negro y terminó el respeto a los derechos de propiedad privada. Por eso el país está hoy más pobre que en la dictadura. Y por eso la democracia es repudiada.
El actual gobierno, para no afectar a su profusa clientela política ni herir prejuicios ideológicos, se ha limitado a apagar el incendio de la deuda y el déficit fiscal. En lugar de reformar el Estado, liberalizar los mercados, recortar el gasto público, combatir la evasión y corrupción y reducir los costos de legalización, ha decidido a instancias del FMI impulsar una ley de "adecuación fiscal", que cargará nuevos impuestos sobre un pueblo arrasado, promoviendo la evasión, la informalidad y la "cultura del trámite y la coima".
La izquierda "progresista" no desea atacar la pobreza y el desempleo en sus raíces: el estancamiento económico. Por eso planifican un crecimiento ínfimo de 2,4% para el 2004, alcanzando un máximo del 3,4% a partir del 2006, olvidando que el país arrastra 6 años de recesión. A ese ritmo se necesitará 20 años para recuperar el nivel de 1996. La explicación de este patético desempeño económico está en que no requiere privatizar y liberalizar la economía, atraer la inversión privada, o hacer cambio alguno que peligre un costo político.
Para crecer y prosperar no es preciso volver a inventar la rueda. Basta seguir el camino de Chile, España, Nueva Zelanda, Irlanda, Corea y otros. Estos expandieron la libertad económica: privatizaron sus empresas públicas, abrieron sus mercados al comercio internacional, crearon condiciones atractivas a la inversión, impusieron austeridad fiscal y disciplina monetaria, fortalecieron el Estado de derecho, otorgaron las máximas garantías a la propiedad y desecharon las ideas mercantilistas del proteccionismo, la autarquía y el Estado empresario.
El desarrollo ha dejado de ser una cuestión ideológica, para pasar a ser una cuestión de simple lógica económica: para salir de la pobreza y progresar los países necesitan de un acelerado crecimiento económico, y para crecer al 10% ó más, es indispensable liberalizar la economía y proteger rigurosamente la propiedad. Lo han logrado gobiernos de izquierda y de derecha. Por eso se debe recordar siempre que somos pobres, solo por que nuestros gobernantes no han tenido la capacidad, liderazgo y coraje necesarios para ampliar la libertad

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